Cosas Visuales
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En algún momento de la vida de este blog, incluimos una referencia a Hard Format, un formidable escaparate de los mejores ejemplos de diseño gráfico en el mundo de la música. Es éste, probablemente, uno de los ámbitos con mayor capacidad de maniobra y más amplias posibilidades creativas por parte del diseñador. Pues bien, este imprescindible recurso de inspiración ha modificado su apariencia para dar cabida a más información y mejores opciones de búsqueda y navegación.

Leo en el magnífico The Eye Dropper acerca de Eduardo Hernández, un diseñador que desarrolla su dedicación entre Barcelona y Venezuela, entre la fotografía y el diseño, y que almacena sus trabajos tras la web Dasgraphiker. Sus claves, una fenomenal sensibilidad y creatividad, un orden perfecto, una cuidada selección tipográfica y un enorme sentido común en todo aquello que proyecta.

De regreso por el fantástico blog de David Arias, recupero la referencia de Bastardgraphics, nombre bajo el cual el diseñador francés de 26 años Julian Rivoire desarrolla un portfolio repleto de trabajos en los que la simplicidad compositiva, la facilidad tipográfica, las más elementales armonías cromáticas y la predilección por el vector redundan en soluciones impresionantes.

Descubro en Netdiver el fenomenal portfolio del holandés Jonathan Looman, que desarrolla su actividad profesional bajo el nombre de Lowman y cuyos trabajos están definidos mediante varios patrones comunes: su debilidad por los ingredientes tipográficos (en la búsqueda de respuestas interpretativas parte del lector), la continua experimentación a partir de la combinación de lenguajes (tradicionales o más modernos) y la pasión que demuestra en cada proceso.

Husmeando en No Legacy encuentro el portfolio de Jeffrey Doherty y me quedo asombrado con sus composiciones insólitas, la difícil geometría de sus formas y el absoluto dominio de la línea en unos trabajos enrevesados y sorprendentes. Altamente recomendable.

Gracias al formidable Zen blog, descubro el trabajo del estudio británico Mark Porter. Poco hay que aportar en casos como éste, salvo subrayar la profesionalidad y excelencia de todos y cada uno de sus proyectos, constatar cómo se puede lograr la máxima innovación a partir de la máxima economía formal e insistir en el extraordinario valor de aquellos portfolios que, más allá de exhibir las piezas que los conforman, ofrecen una argumentación del proceso creativo, del concepto y del origen de las conclusiones visuales.